estos son algunos:
ANTONIA MARTÍNEZ (27 años). "Sabía que me iban a rescatar"
Su abuela no iba en el avión, pero Antonia Martínez, de 27 años, está convencida de que la protegió desde los cielos. Toni, como la conocen sus amigos y su familia, es una de las azafatas del vuelo fatídico. Está ingresada en la UCI del Hospital de la Princesa de Madrid con un brazo enyesado, una vértebra rota, una herida en la cabeza que ya le han cosido y algunas contusiones.
Las auxiliares de vuelo suelen sentarse en la parte de atrás del avión, pero ella iba delante, en el asiento 1-E. Es la única que se ha salvado. Tras la brutal sacudida del avión, recibió un fuerte golpe en el pecho y salió disparada muchos metros. Fue a parar al río. No perdió la consciencia, ni siquiera gritó para pedir auxilio. Cuando oyó las sirenas de los equipos de rescate, se tranquilizó. "Sabía que me iban a rescatar", ha contado a su familia.
Al entrar en la ambulancia, les dijo a los médicos que llamasen a sus padres. "Mamá, no te preocupes, estoy bien", fueron sus primeras palabras. Ahora se acuerda de poco, y su familia prefiere no hablarle del accidente para que no se ponga nerviosa. Ella pregunta continuamente por sus compañeros. "Nosotros no sabemos nada", es lo que le responden todos. No es momento para hablar de la tragedia.
Su familia se subió al coche, nada más conocer la noticia, para recorrer los más de 300 kilómetros que separan su casa en la provincia de Jaén, de Madrid. Viajaron en dos coches, la familia en tromba. Toni les había llamado, como hacía siempre, antes de despegar, así que no había lugar a dudas, sabían que iba en ese avión. Fue un viaje "largo y agonizante" para Antonia, que comparte nombre con su hija. A través de un amigo médico supieron pronto en qué hospital estaba. La madre no se creía que Antonia se encontrase bien. El goteo constante de muertos le hacía desconfiar. Cada vez eran más, ¿por qué se iba a salvar su hija? A lo mejor, después de hablar por teléfono había sucedido algo malo. "Me han mentido, mi hija está muerta y me han mentido", repetía durante el viaje.
Los compañeros de Spanair se acercaron pronto a la Princesa para saber si era Antonia la que estaba allí. Mientras esperaban a la familia de Toni, lloraban y se abrazaban. No sabían cómo estaba, sólo que era ella. La tragedia y la conmoción se reflejaban en sus caras. También en las de todos los compañeros de la aerolínea que acudieron al hospital. Peregrinaban de hospital en hospital, hasta bien entrada la noche. Algunos, para ver a Antonia. Otros, buscando a Lourdes, jefa de cabina del avión y la única tripulante que sigue desaparecida. Su madre apareció varias veces. "¿Está aquí Lourdes?", preguntaba con una mirada ausente en la entrada del hospital.
A Antonia, licenciada en filología inglesa le encantaba su trabajo. Ya no. "No vuelvo a volar nunca más", le dice a su madre, asustada, en la cama del hospital. "Horrible, ha sido horrible", continúa.
Desde Jaén llegaron los padres, algunos de los 10 hermanos de la madre y amigos de la familia. Entraron como rayos por la puerta de Urgencias. Ahora pasan las horas sentados en la sala de espera de la UCI. Los teléfonos suenan constantemente. Antonia ha pasado la noche en el hospital y está exhausta. Dionisio, el padre, responde enérgicamente a las llamadas.
Son las seis de la tarde y es el momento de las visitas. La UCI es un hervidero. Todos quieren entrar y sólo pueden hacerlo de dos en dos y durante una hora. Hace calor y están cansados, pero después de ver a Antonia salen contentos. "Está muy bien", repiten sus amigos. "¡Si está animando a todo el mundo!", explica su madre sonriendo.
Una breve visita a la cama de Toni lo demuestra. Sin levantar la voz, le cuenta a una de sus amigas que se encuentra bien. Tiene algunas heridas en la parte derecha de la cara, un brazo escayolado y respira con una máscara, pero puede moverse y conserva su pelo intacto, algo que hace feliz a su madre. "Cuando escuché las noticias pensé que se habría quemado y habría perdido el pelo, pero no, ahí lo tiene", explica















